Y que lo digas...
Yo también soy un enamorado de los piolets clásicos. Da gusto ver que se les sigue dando vida. Le trae a uno recuerdos de otros tiempos, especialmente esa cálida caricia que se siente con el tacto de la madera...
Uno ya peina canas, y en mi caso comencé a salir al monte con un Charlet Moser Super Conta, un clásico entre los clásicos, una preciosidad que he podido recuperar hace poco.
Ahora acabo de devolver a la vida un Stubai "Nanga Parbat", de finales de los 60, estilizado, ligero,con mango de madera de bambú, la cabeza forjada en suaves curvas sobre las que la mano se adapta sin esfuerzo alguno y una delicada pala terminada en originales ondas. Si los hados me son propicios, me ayudará en la ascensión al Island Peak el mes que viene.
También he recuperado un CAMP "Monte Rosa", de antes de que se inventara el agujero mosquetoneable en la cruz. Y el famoso Simond CE, un modelo similar con el que Sir Endmund Hilary ascendió al Everest.
Pero mi favorito es el Charlet "Chamonix" (de antes de que fuera Charlet-Moser, de antes de que fuer Peltz), de 87 cm de longitud, con mango veteado de madera de roble, y un pico largo, fino y recto... Se me cae la baba solo de contemplar sus formas...
¡Larga vida a los piolets clásicos de madera!. Con ellos, intrépidos montañeros visionarios como Mallory, Bonatti, Messner, Hermand Bull, Kurt Diemberger, Bonington y algunos otros más, inventaron el alpinismo hace escasos 50 años.
Responder