|
Aunque todavía no puede hacerse un recuento definitivo de las víctimas del accidente en el K2, ya puede afirmarse que es la mayor tragedia acaecida en la segunda montaña más alta de la Tierra. El K2, con sus 8.611 metros, es, tras el Everest, la segunda mayor elevación del planeta. Pero todos los alpinistas saben que es la montaña más prestigiosa del mundo, la más dura, la que mayor compromiso requiere en su escalada. Por eso ha sido bautizada con el merecido título de Montaña de las Montañas.
Su estadística es escalofriante: no sólo conseguir su cima está al alcance de unos pocos alpinistas muy capacitados, sino que, de los que logran pisarla, uno de cada siete no regresa al Campo Base. A veces sin embargo, las tragedias en estas montañas tan altas podrían evitarse, o aminorarse, si la forma de actuación de los alpinistas fuese más correcta, prudente y más ajustada a los cánones del alpinismo.
Estar a la altura.
Muchas veces he contado en estas páginas que algunas expediciones descuidan aspectos esenciales de su trabajo, como estar a la altura del objetivo que se proponen escalar, trabajar en equipo, confiar exclusivamente en sus fuerzas y el material necesarios para alcanzar la cumbre. Desgraciadamente, muchos no actúan así. Hay alpinistas que no están a la altura del K2, que confían en la fortaleza de otros que les ahorran el trabajo de equipar la ruta con cuerdas fijas y que les abren huella hasta la misma cumbre y ellos sólo deben seguirla.
Conozco bastantes casos de alpinistas que se apuntaron la gloria de un ochomil sin confesar que en realidad no lograron abrir un metro de huella en la nieve inmaculada ni tampoco colocaron un metro de cuerda fija. Este verano ha sido bastante atípico en el Karakorum. A su climatología, siempre detestable, se ha sumado un invierno muy seco en precipitaciones y una temporada con numerosas avalanchas de piedras y hielo. Hasta hace una semana todavía no se había intentado la cima del K2, pero una previsión de casi siete días de buen tiempo hizo que alpinistas de diferentes expediciones, formación, fortaleza y experiencia, uniesen sus fuerzas para intentarlo.
Cuello de Botella.
Más de 30 personas se atrevieron a pasar bajo las moles de hielo del denominado 'Cuello de Botella', un terrón de hielo con pinta inestable y terrorífica que a la postre fue el causante de la tragedia. A la bajada, como señala la estadística, se produjo la tragedia que todavía no ha terminado. En 1986, hasta ahora el año más negro en la historia del K2, trece alpinistas perdieron la vida en ese verano, cinco de ellos atrapados en la parte superior de la montaña.
Mientras escribo estas líneas en Hushé, a sólo dos días de marcha del K2, me llegan noticias muy preocupantes. Ya se habla de doce muertos y varios desaparecidos y entre cuatro y diez alpinistas, según las diversas fuentes, atrapados a más de 8.000 metros, donde las posibilidades de supervivencia se reducen sólo a unas horas. Es bastante probable que algunos de esos alpinistas no logren tampoco sobrevivir. Una vez más, la Montaña de las Montañas ha impuesto su ley. A nosotros los alpinistas, sólo nos queda aprender la lección.
Fuente: as.com
|